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VACUNAS

¿Cómo funciona y actúa una vacuna?

Las vacunas se utilizan para reforzar el sistema inmunológico y prevenir enfermedades graves o potencialmente mortales.

Mercedes Benito Alfonso

¿Sabías que una vacuna puede protegernos de enfermedades durante años? Así es como funcionan y actúan las vacunas.

Antes de que existieran las vacunas, las personas eran hospitalizadas o morían por algunas enfermedades que hoy en día están controladas e incluso erradicadas. Y es que las vacunas son uno de los mayores éxitos de la medicina. Las vacunas están compuestas por gérmenes o por las toxinas producidas por ellos, que son manipulados en laboratorios para que no puedan ocasionar la enfermedad que transmiten, pero que a su vez mantengan su capacidad para generar una respuesta controlada por nuestro sistema inmunológico.

Lo cierto es que a casi nadie le gusta ponerse una vacuna: la inyección, el dolor en el brazo, molestias... Pero si no fuera por ellas nuestra esperanza de vida se vería reducida de forma considerable. Son una de las principales causas de la mejora de la salud y la calidad de vida del ser humano. Pero, ¿cuál es el mecanismo de acción de las vacunas en nuestro cuerpo? ¿Cómo funcionan las vacunas?

Hay vacunas que sirven para toda la vida, otras deben reforzarse con nuevas dosisHay vacunas que sirven para toda la vida, otras deben reforzarse con nuevas dosis

Qué son y cómo actúan

La OMS (Organización Mundial de la Salud) aplica el concepto de vacuna a cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos. El método más habitual para administrar las vacunas es la inyección, aunque algunas se administran con un vaporizador nasal u oral.

En 1796, el científico inglés Edward Jenner fue el primero en desarrollar una vacuna para luchar contra la viruela. Gracias a sus experimentos y a los progresos hechos posteriormente, las vacunas se siguen desarrollando y perfeccionando en la actualidad.

Los seres humanos somos "atacados" continuamente por patógenos causantes de enfermedades: virus, bacterias, hongos... conocidos como antígenos. Entendemos por antígeno toda sustancia que ataca nuestro organismo y que obliga a éste a defenderse. Nuestro cuerpo cuenta con mecanismos para defenderse y responder si es atacado o invadido por estos antígenos. Uno de los medios con los que contamos para defendernos es el sistema inmunológico, el cual generará una respuesta de ataque contra el microorganismo invasor.

La respuesta consistirá en generar anticuerpos específicos contra el organismo invasor. Los anticuerpos son elementos de la sangre capaces de identificar y neutralizar cualquier agente extraño (antígeno). Incluso después de haber hecho su trabajo, estos anticuerpos no desaparecen, permanecen en la sangre pendientes de un nuevo ataque. Por ello, si una persona pasa el sarampión, nunca más la vuelve a padecer, sin importar vuelva a tener contacto con el virus. Otra característica de los anticuerpos es su especialidad, si fueron creados como respuesta al virus de la varicela, no van a funcionar contra el sarampión. Una de las mejores cosas de nuestro sistema inmunitario es su "memoria". Cuando un microorganismo entra por primera vez en nuestro cuerpo genera una respuesta (anticuerpos) para acabar con él. De este modo, la próxima vez que sea invadido por el mismo patógeno, nuestro cuerpo recuerda cómo debe eliminarlo y su respuesta será vez es más rápida y eficaz.

Entonces, ¿cómo se aplica todo esto a las vacunas? Al ponernos una vacuna, exponemos a nuestro cuerpo a una cantidad muy pequeña y muy segura de virus o bacterias que han sido debilitados o destruidos. Con su administración, el organismo produce anticuerpos que lo protegen de la misma manera que si hubiéramos padecido la enfermedad, aunque dependiendo de la vacuna y de la edad a que se aplica, pueden ser necesarias varias dosis para conseguirlo. De este modo, el sistema inmunitario aprende a reconocer y atacar la infección si está expuesto a ella posteriormente en su vida. Como resultado, la persona no resultará infectada o puede tener una infección más leve. De algún modo, la vacuna engaña al cuerpo para que crea que está siendo atacado, y así hacer que el sistema inmunológico cree armas que ayudarán a defendernos cuando se produzca una infección real.

Algunos anticuerpos protegen de por vida, pero otros necesitan una dosis de refuerzo. Por ejemplo, el anticuerpo contra el sarampión tienen una duración de por vida, pero el anticuerpo contra el tétanos precisa de las dosis de refuerzo. Algunos virus como la gripe pueden cambiar, y entonces los anticuerpos creados anteriormente ya no son válidos. por lo que es necesaria la vacunación anual.

A algunas personas les preocupa que las vacunas no sean seguras y que puedan ser dañinas, especialmente en niños o bebés. Se han realizado un gran número de estudios al respecto sin que se hayan logrado sacar unas conclusiones claras. Sin embargo, no hay duda de que cualquiera que sean los riesgos potenciales, los beneficios los superan con creces.

¿Cómo se hacen las vacunas?

Las vacunas se hacen con los virus o bacterias que causan las enfermedades, pero son modificados de manera que no daña a las personas. Estos virus o bacterias están debilitados, muertos o parcialmente modificados y hacen que el sistema inmunológico desarrolle anticuerpos contra la enfermedad.

Una vez que se determina la forma en que se modificará a los virus y bacterias, las vacunas se crean mediante un proceso de tres pasos. Primero se crea un antígeno, que es el responsable de producir la enfermedad. Los virus se cultivan en células primarias, como en el caso de la vacuna contra la gripe que se cultiva en huevos de gallina; o en líneas de células continuas (células humanas cultivadas), como las células humanas en las que se cultiva la vacuna de Hepatitis b. En cuanto a las bacterias, éstas se cultivan en birreactores, recipientes en los que se llevan a cabo procesos químicos. Posteriormente, se aísla el antígeno de las células que se usaron para crearlo. Para finalizar, a la vacuna se le añaden adyuvantes, estabilizadores y conservantes. Los adyuvantes aumentan la respuesta inmunológica del antígeno, los estabilizadores incrementa la duración de la vacuna y los conservantes facilitan el uso de ampollas con varias dosis.

Las vacunas se someten a rigurosas pruebas de seguridad antes de que se apruebe su uso en humanos, y aún así se les hace seguimiento continuo sobre su seguridad durante años. En la actualidad, las nuevas vacunas se fabrican mediante ingeniería genética. Por eso son igual o más eficaces, y a la vez más inocuas.

Los anticuerpos atacan al elemento inyectado con la vacuna como si tratara del virus vivoLos anticuerpos atacan al elemento inyectado con la vacuna como si tratara del virus vivo

Qué contienen las vacunas

Las vacunas pueden estar compuestas de bacterias o virus causantes de enfermedades, ya sean vivos o debilitados, y que han sido creados en laboratorios. También pueden contener organismos inactivos o productos derivados de microorganismos. Según la composición, la vacuna puede ser:

- De virus vivos: están compuestas por una versión debilitada de la bacteria o del virus responsable de la enfermedad. La vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola, conocida como triple vírica al igual que la vacuna contra la varicela son ejemplos de este tipo.

- Inactivadas o atenuadas: elaborada con microorganismos "muertos", es decir, el virus ha sido debilitado de manera que estimula la producción de anticuerpos pero no causa la enfermedad. Las vacunas contra la gripe son un ejemplo de este tipo.

- Las vacunas toxoides, como las vacunas antidiftérica y antitetánica, contienen una toxina inactivada que está compuesta por la bacteria o el virus, o una parte del mismo. Esta toxina, sería una especie de veneno que el patógenos posee y que es el causante de la enfermedad. De este modo, la persona se hace inmune a los efectos dañinos de la infección en lugar de la infección en sí.

A este modo de vacuna se la conoce como antitoxina y es similar a las que se conocen como gammaglobulina, pero en este último caso, la vacuna procede de la sangre de un ser humano que por haber padecido antes la enfermedad ha formado anticuerpos específicos. El mecanismo de acción de ambas es el mismo, pero a veces se inyecta gammaglobulina a las personas expuestas a una enfermedad grave contra la que no han sido vacunadas, digamos como una primera dosis de rápida acción, pues tan suele conferir una inmunidad inmediata pero de corta duración, generalmente no más de seis semanas.

- Las vacunas biosintéticas contienen sustancias artificiales que son muy similares a pedazos de virus o bacterias. La vacuna conjugada Hib (Haemophilus influenzae tipo B) es un ejemplo.

Por qué necesitamos las vacunas

Tras el nacimiento y durante unas semanas, los bebés están protegidos contra algunos microbios causantes de enfermedades. Esta protección es transmitida por la madre a través de la placenta antes del nacimiento. Después de un corto tiempo, esta protección natural desaparece. Las vacunas ayudan a proteger a los bebés, los niños y los adultos contra muchas infecciones que solían ser mucho más comunes. Tétanos, difteria, paperas, sarampión, tos ferina, meningitis o poliomielitis, son algunos ejemplos de enfermedades serias y que podrían resultar mortales mortales o llevar a discapacidades de por vida. Gracias a las vacunas, todas estas enfermedades ahora son infrecuentes.

Cuantas más personas, especialmente niños, se vacunen en una comunidad menor es la probabilidad de que enfermen, incluso aquellos a los que no se ha vacunado. A este fenómeno se le denomina vacunación "colectiva" y es especialmente eficaz con las enfermedades extremadamente contagiosas, como el sarampión. Por ello es importante seguir las recomendaciones del médico o pediatra y tener el calendario de vacunas en regla.

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