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Diferencias y similitudes entre TDAH y Síndrome de Asperger
TDAH Y ASPERGER

Diferencias y similitudes entre TDAH y Síndrome de Asperger

El TDAH y el Síndrome de Asperger son diferentes, pero al mismo tiempo tienen algunas similitudes.

Sara Vidal Pérez

En los primeros años del desarrollo infantil, el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad) y el Síndrome de Asperger presentan características muy semejantes que provocan confusiones y errores en las detecciones tempranas.

Sin embargo, estos dos trastornos son completamente independientes, aunque existe la posibilidad de que un individuo con TDAH manifieste síntomas característicos del Síndrome de Asperger, o al revés, sobretodo, en los primeros años escolares.

Los individuos que padecen un trastorno u otro presentan problemas a la hora de relacionarse con su entornoLos individuos que padecen un trastorno u otro presentan problemas a la hora de relacionarse con su entorno

¿Cuáles son las similitudes entre el TDAH y el Síndrome de Asperger?

Ambos trastornos pueden confundirse en edades tempranas debido a las semejanzas en las conductas. Aunque estas conductas se presentan por motivos diferentes, la observación de las mismas puede llegar a confundir la diferenciación en el diagnóstico.

Algunas de las conductas similares que comparten son:

- Problemas para ponerse en el lugar de los demás: en individuos con TDAH o Síndrome de Asperger se observa falta de empatía, lo que conlleva a problemas para compartir con los demás experiencias o emociones.

- Dificultades en la interacción social y familiar: en relación con lo anterior, los individuos que padecen un trastorno u otro presentan problemas a la hora de relacionarse con su entorno, lo que entorpece el desarrollo de habilidades sociales adecuadas para su edad.

- Déficit en el autocontrol y regulación emocional y comportamental: ambos trastornos comparten conductas compulsivas que dificultan el control de sus impulsos y la regulación de sus emociones. Además, a menudo presentan muchas rabietas.

- Interés elevado por juegos de construcción: cuando son pequeños muestran buenas habilidades con juegos como los puzles y los legos. Aparte de esta habilidad, también muestran poco interés en compartir e interaccionar de manera lúdica con sus iguales.

- No siguen las normas de conducta: en ambos trastornos se observan dificultades para aprender las normas sociales que se comienzan a enseñar a edades tempranas.

¿Qué diferencias existen entre el TDAH y el Síndrome de Asperger?

Debido a las semejanzas entre ambos trastornos durante los primeros años de vida, se pueden realizar diagnósticos erróneos. Por ello, es fundamental tratar de tener especial cuidado en la observación y evaluación de un trastorno u otro para evitar intervenciones inadecuadas que, en muchas ocasiones, pueden llegar a ser perjudiciales.

A continuación, vamos a cuáles son las principales diferencias entre los síntomas propios del TDAH y los del Síndrome de Asperger:

1. Déficit atencional:

Esta característica más atenuada en los niños con TDAH también se da en el Síndrome de Asperger pero, a diferencia del anterior, los niños con Síndrome de Asperger muestra falta de atención por el poco interés que tienen hacia su entorno.

Sin embargo, en el TDAH la atención se dispara cuando aparece cualquier estímulo externo a la tarea que están realizando.

2. Capacidad de concentración:

Los niños con Síndrome de Asperger no muestran dificultades en la concentración, incluso pueden mantenerse realmente concentrados en aquellas tareas que sean de su interés.

No obstante, en el TDAH la concentración se ve dañada en la realización de tareas y a la hora de atender a conversaciones sociales, ya que su impulsividad les dificulta prestar atención a lo que están escuchando.

3. Interacción social:

A pesar de las primeras dificultades que se observan en el TDAH, a la larga los niños que lo padecen son capaces de relacionarse con su entorno.

Por el contrario, el Síndrome de Asperger presenta dificultades en la intencionalidad comunicativa puesto que no muestran interés alguno en la interacción social.

4. Psicomotricidad:

La diferencia entre ambos trastornos es que los niños con Síndrome de Asperger manifiestan problemas en la psicomotricidad fina y gruesa, mientras que los niños con TDAH no manifiestan dificultades en esta área.

5. Lenguaje:

En el TDAH no existen dificultades en la comunicación con los demás, ya que comprenden el lenguaje verbal y no verbal. La única problemática que pueden presentar es la interrupción continuada durante una conversación ya que sus impulsos y problemas con la atención dificultan el mantenimiento de conversaciones duraderas.

Sin embargo, en el Síndrome de Asperger se manifiestan problemas en el lenguaje, tanto a la hora de producirlo como a la hora de comprenderlo, sobre todo, cuando se trata de ironías, bromas o sarcasmos.

6. Intereses:

Los niños con TDAH tienen un amplio abanico de intereses. Además, es común que cambien con facilidad de preferencias y, como consecuencia, es habitual que no terminen tareas que han comenzado.

Sin embargo, los niños con Síndrome de Asperger muestran intereses muy restrictivos y son muy vulnerables a los cambios de rutinas.

7. Rendimiento académico:

Durante la etapa educativa, es común que se apliquen adaptaciones curriculares en niños que tengan TDAH o Síndrome de Asperger. No obstante, debido a la capacidad de concentración, los niños con Síndrome de Asperger suelen alcanzar buenos resultados académicos. Incluso, en algunos casos, estos niños pueden presentar un alto cociente intelectual y habilidades especiales.

Por otro lado, no tiene porqué ser habitual, pero algunos niños con TDAH muestra un bajo rendimiento académico por la falta de atención y concentración, y la desmotivación que surge a medida que pierden el interés por las actividades académicas en las que no se ven reforzados.

Es mejor ser precavido y esperar a realizar un buen diagnóstico cuando los síntomas sean del todo clarosEs mejor ser precavido y esperar a realizar un buen diagnóstico cuando los síntomas sean del todo claros

¿Qué se debe de tener en cuenta a la hora de realizar un diagnóstico?

Hasta los 6 o 7 años de edad, es muy complicado realizar un diagnóstico adecuado en el TDAH. Esto es debido a que los síntomas más comunes, como la falta de atención y la impulsividad, no tienen por qué mantenerse en el tiempo.

Siempre tenemos que tener en cuenta que los niños a estas edades pueden dar grandes cambios. Por ello, es mejor ser precavido y esperar a realizar un buen diagnóstico cuando los síntomas sean del todo claros.

Uno de los aspectos que más se debe de tener en cuenta es el tratamiento que se aplica en el caso del TDAH. A menudo este tratamiento es farmacológico y si se realiza una detección errónea, los efectos secundarios de los fármacos pueden llegar a ser muy perjudiciales.

Es por esto que se recomienda comenzar por la aplicación de técnicas de modificación de conducta para corregir aquellos comportamientos desadaptados.

Por otro lado, a diferencia del anterior, el Síndrome de Asperger no dispone de ningún tratamiento farmacológico para mejorar los síntomas más comunes, como son los problemas en la comunicación o dificultad de adaptación a los cambios repentinos.

En cuanto a la intervención en instituciones educativas, el objetivo principal en el Síndrome de Asperger es entrenar a estos niños en habilidades sociales para fomentar la interacción y la comunicación social, así como para ayudarles a comprender el mundo que les rodea sin que esto les afecte.

En el caso del TDAH, el objetivo primario es dotar de herramientas a los niños para que aprendan a ignorar estímulos externos y para tratar de mejorar su capacidad de concentración.

Por último, señalar que el problema más común en ambos está relacionado con el ámbito social. La incomprensión de la sociedad ante estos trastornos dificulta que estos niños puedan adaptarse a su entorno sin sufrir consecuencias negativas por las conductas que realizan.

Por ello, es muy importante realizar una intervención temprana y ajustada tanto a las características como a la personalidad de cada individuo, tratando de cuidar siempre su autoestima y dotándoles de estrategias que sean capaces de poner en marcha en un corto plazo de tiempo para que no surja la desmotivación o los sentimientos de incapacidad.

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