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El asma infantil: Diagnóstico y tratamiento

ASMA INFANTIL

El asma infantil: Diagnóstico y tratamiento

Existen varias clasificaciones para el asma, según qué variables se estudien o contemplen.

Gretel Sánchez

El diagnóstico del asma infantil se basa en tres pilares fundamentales:

- Historia clínica o lo que el paciente o la familia cuenta al pediatra sobre lo que le ocurre.

- Exploración física que el médico realiza.

- Diagnóstico clínico: en la mayoría de las ocasiones, basta con la presencia de determinados síntomas y signos muy característicos para identificar la enfermedad.

Si no se puede establecer un diagnóstico claro se recurre a pruebas complementarias, como a pruebas funcionales respiratorias. Algunas veces se realizan pruebas adicionales, para excluir otras enfermedades con síntomas similares al asma y que no lo son. Esto resulta más frecuente en los niños pequeños (de menos de 3-4 años), ya que los síntomas de asma son menos característicos y estas otras patologías se manifiestan más frecuentemente.

También se analizarán los factores desencadenantes de los síntomas de la enfermedad, ya que su evitación será un pilar básico del tratamiento y, por tanto, de una mejor evolución del paciente. Las pruebas de función pulmonar son fundamentales para el diagnóstico y valoración del asma.

Diagnóstico y pruebas del asma infantil

La prueba más usada y accesible es la espirometría, que se realiza con un espirómetro conectado a un ordenador que analiza los datos. La prueba ideal para determinar el grado de obstrucción bronquial es la espirometría forzada que requiere la colaboración del paciente y ya se puede realizar en niños a partir de los 3 o 4 años de edad. Consiste en llenar completamente el pulmón de aire (inspiración profunda) y, expulsarlo posteriormente lo más fuerte posible y de forma completa (manteniendo la expulsión de aire al menos 3 o 4 segundos).

La prueba más usada es la espirometría.La prueba más usada es la espirometría.

También se debe practicar una prueba broncodilatadora para observar demostrar si los bronquios tienen la capacidad de dilatarse (o la reversibilidad en el asma). Esta prueba consiste en realizar una espirometría y repetirla a los 15-20 minutos de administrar un fármaco broncodilatador.

Para completar el proceso diagnóstico, se debe calificar la enfermedad en base a su nivel de gravedad al inicio del tratamiento y al grado de control en su posterior evolución. Esta parte diagnóstica es fundamental para decidir el nivel de tratamiento que precisa el paciente.

En los últimos años los especialistas en asma infantil han elaborado guías para el cuidado de los niños asmáticos, en las que se ha clasificado al asma según el nivel de gravedad. Esto se determina por los siguientes elementos: la frecuencia con que tienen sus crisis, los síntomas que tienen fuera de esas crisis, las mediciones de su función pulmonar.

La determinación del nivel de gravedad, es lo que orienta al médico decidir qué tipo de tratamiento que se aplica. En las evaluaciones posteriores, durante el seguimiento de los pacientes y ya con el tratamiento instaurado, las modificaciones del tratamiento se deciden en función del grado de control de la enfermedad alcanzado con el tratamiento en curso.

Clasificación del asma

Existen varias clasificaciones para el asma, según qué variables se estudien o contemplen. Una de las clasificaciones más prácticas fue establecida por la Global Initiative for Asthma (GINA), considerando aspectos clínicos y funcionales como frecuencia de los síntomas respiratorios diurnos y nocturnos, así como la función pulmonar. Es la guía más usada y es de gran utilidad en la evaluación inicial del paciente.

-Según su gravedad:

Intermitente: las crisis son poco intensas y se da una cada 4-6 semanas. Fuera de la crisis, el niño se encuentra bien y puede hacer ejercicio sin problemas. Su función pulmonar es normal.

Leve persistente: las crisis son un poco más intensas. Se da más de una cada semana, pero no diariamente.

Moderada persistente: aparecen síntomas diariamente, afectando al sueño y limitando las actividades diarias.

Grave persistente: los síntomas se presentan continuamente, el sueño se ve afectado y las actividades físicas muy limitadas.

También se ha propuesto clasificar al asma de acuerdo al grado de control. Los parámetros que se emplean en este sistema son la frecuencia de síntomas respiratorios diurnos y nocturnos, la limitación de actividades, el uso de medicamentos de rescate, la determinación del volumen espiratorio forzado en el primer segundo (FEV) o flujo espiratorio máximo (PEF) y la aparición de exacerbaciones.

-Según niveles de control:

Controlado: los síntomas se presentan menos de dos veces por semana, no es necesario el uso de medicamentos (o menos de dos veces por semana), no hay síntomas nocturnos y la actividad diaria no está limitada.

Parcialmente controlado: los síntomas se dan más de dos veces por semana y se recurre a medicamentos; el sueño se ve afectado, al igual que las actividades diarias.

No controlado: tres o más características del asma parcialmente controlado en cualquier sermana.

Tratamiento del asma en niños

El asma es una enfermedad crónica que no tiene curación, pero puede controlarse bien, permitiendo llevar una vida normal incluida la actividad física sin restricciones. El objetivo principal del tratamiento del asma es conseguir que el niño pueda llevar una vida normal sin síntomas ni limitaciones.

El tratamiento farmacológico previene y mantiene el control de la enfermedad.El tratamiento farmacológico previene y mantiene el control de la enfermedad.

El tratamiento del asma tiene que ser integral e incluir:

Educación del paciente y su familia en autocuidados. El control del asma y los autocuidados están muy relacionados entre sí. Una buena capacidad de autocuidado significa comprender la enfermedad, por qué se produce, saber identificar los síntomas y el inicio de una crisis, y saber poner en marcha el Plan de Acción pautado por su médico.

Medidas de control medioambiental o de evitación (eliminación o disminución de alérgenos e irritantes, entre ellos el tabaco), para disminuir o eliminar en lo posible aquellos elementos que puedan desencadenar un ataque de asma. Las medidas preventivas deben adoptarse de forma individual. El objetivo es mejorar la evolución y evitar la progresión del proceso, pero sin realizar restricciones o limitaciones innecesarias.

Tratamiento farmacológico (con medicamentos): para el momento de una crisis o ataque de asma; para prevenirlas y mantener el control de la enfermedad; para la alergia si es preciso. Hay dos grupos de medicamentos para el asma según su función: los aliviadores o de rescate, que se utilizan para tratar de forma inmediata los síntomas o crisis de la enfermedad, y los preventivos o de mantenimiento, que procuran evitar la aparición de los síntomas y cuyo efecto es a más largo plazo.

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