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Empezar a correr: Errores comunes que nos hacen abandonar

INICIARSE EN EL RUNNING

Empezar a correr: Errores comunes que nos hacen abandonar

Hay una serie de errores que solemos cometer al correr que nos llevan a abandonar la actividad.

Sara Menéndez Espina

Como correr es una actividad, en principio, sencilla y que todos sabemos hacer, no ponemos cuidado en cómo lo hacemos. Independientemente de cuál sea el objetivo o la motivación que nos haya llevado a calzarnos las zapatillas y salir a correr, sí que debemos tener en cuenta una serie de precauciones, tanto al iniciarnos como al continuar en esta práctica deportiva.

Cuando empezamos a correr es muy común cometer una serie de errores a causa de que, al ser una actividad individual y que no requiere maquinaria, no nos informemos de cómo realizarla correctamente. No necesitamos tener la técnica y conocimientos de un corredor de maratón, pero siguiendo esta serie de consejos conseguiremos evitar lesiones y, también muy importante, no abandonar el running de manera prematura por falta de motivación o capacidad para mantener el ritmo.

Es importante calzar zapatillas adecuadas para runningEs importante calzar zapatillas adecuadas para running

1. Nos pegamos atracones de correr

El running no consiste en salir de casa y echar a correr como si no hubiera un mañana. Entonces nos daremos cuenta de que a los 5 minutos no podemos más y es entonces cuando empezamos a pensar que por qué se nos pasó por la cabeza hacer deporte. Esta es la principal razón por la que la gente abandona pronto la actividad de correr, es muy cansada y no nos aporta ninguna sensación placentera.

Siempre que empecemos a correr debemos de haber buscado un plan de entrenamiento avalado por profesionales. En él se nos indicará que las primeras semanas debemos realizar un entrenamiento basado en alternar caminar y correr. Así iremos poco a poco, acostumbrando al cuerpo a la actividad, y evitando esas odiosas fatigas. Entonces sí veremos cómo vamos avanzando y cómo sí sentimos una sensación agradable durante y después de correr.

Otro factor que agrava esa fatiga inicial es el comenzar con un ritmo muy elevado, salimos de casa y empezamos a correr como si nos persiguiera un león. El ritmo debe ser suave, y adaptado a nuestra capacidad individual, sin importarnos cómo lo haga el resto de corredores. Con el tiempo y según los objetivos que tengamos a largo plazo, podremos ir aumentando ese ritmo (o no, si no lo vemos necesario).

2. No llevamos un calzado adecuado

No hay ninguna necesidad de comprarse las zapatillas de running más caras y punteras de la tienda deportiva, pero sí que es necesario calzar unas adaptadas a este deporte, no los playeros que tengamos disponibles por casa. En las tiendas especializadas nos asesorarán cobre qué zapatillas son las más recomendadas para empezar, ante todo no deberíamos gastar una cantidad grande de dinero en ellas porque podemos tener un producto adecuado a un bajo precio.

¿Por qué comprarse un calzado específico para el running y no cualquier playero? Debemos de comprender que en esta actividad los pies llevan, literalmente, todo el peso de la misma. Evitaremos las lesiones, las rozaduras y un exceso de carga en el pie, además de que harán que nuestra experiencia sea mucho más cómoda y no nos resulte desagradable.

3. No sabíamos que teníamos que estirar

Los estiramientos son muy importantes en cualquier actividad deportiva, y al correr también. Cada vez se desecha más la idea de estirar antes de correr, porque los músculos no se adaptan bien a los estiramientos en frío, en tal caso sería más importante hacer un ligero calentamiento caminando, que en nuestra rutina de iniciarnos en el running ya va incluida (recordemos que consiste en caminar y correr).

Sin embargo, después de correr sí que es imprescindible estirar. Con los estiramientos reducimos la tensión provocada en el músculo tras haber estado corriendo, mejora la flexibilidad, es decir, la amplitud de movimientos, y también la coordinación, facilitando así el movimiento. También favorece la vasodilatación y la oxigenación del músculo, y, ante todo, previene de sufrir lesiones. En definitiva, estirar es darle medicina a nuestros músculos, te lo agradecerán con un gran bienestar.

4. Quizá tengamos una mala postura

Adquirir una mala postura al correr nos entorpecerá el movimiento y nos puede traer malas consecuencias. Como veis, el correr está lleno de pequeños detalles, de fácil adecuación, que son importantes para prevenir lesiones. Realmente, aprender a correr con una postura correcta sólo precisa que al principio nos fijemos bien en cómo colocamos cada parte del cuerpo. En cuanto nos acostumbremos, nos saldrá solo.

La cabeza debe mirar al frente; los hombros hacia atrás y abajo, obligándonos a llevar una postura erguida, pero relajados; los brazos irán cerca del cuerpo, formando un ángulo de 90º y se moverán de manera coordinada, y las manos irán cerradas en puños, pero sin apretar, sólo ligeramente cerradas. Es común ver a personas que llevan los brazos o las manos moviéndose descoordinadamente o, al contrario, los llevan excesivamente agarrotados, cargando mucho así los hombros, cosa que es incorrecta.

La espalda debe de ir recta y, si seguimos bajando, las rodillas no se deben de elevar en exceso, así que no tenemos que ir dando zancadas, pero tampoco arrastrar los pies. Estos deben de pisar suave, sin dar golpes en el suelo, y aterrizaremos preferentemente con el pie entero, no sólo la punta. Otro apunte al respecto es que los pies deben de aterrizar en línea con el cuerpo, ni más adelante (nos frenaría), ni más atrás (nos desequilibraría).

Debemos estirar después de correr, y no antes, para reducir la tensión y evitar lesionesDebemos estirar después de correr, y no antes, para reducir la tensión y evitar lesiones

5. No tenemos una rutina ni objetivos claros

Como decíamos al principio, correr no consiste sólo en salir y correr hasta que cansemos. Debemos poner en marcha un plan de entrenamiento concreto, que nos diga cuánto correr, cómo y cuándo. Sólo así tendremos objetivos específicos y medibles, y seremos capaces de ir conociendo nuestro avance.

Por ello, no basta sólo con decir "voy a correr para adelgazar" o "voy a correr para estar más sano". Son objetivos demasiado difusos y con los que, con el tiempo, sólo conseguiremos pensar que no merece la pena ni adelgazar, ni estar sano, ni nada que nos hubiera motivado en un principio. Al poco de empezar a correr veremos que, si lo hacemos a un ritmo adecuado que permita a nuestro cuerpo a ir adaptándose y no fatigándose en exceso, empezaremos a querer correr por superarnos a nosotros mismos poco a poco.

6. Queremos entrenar más de lo que podemos

Por último, debemos de tener muy presente que en el deporte el descanso forma parte del entrenamiento. Entrenar todos los días está dedicado a niveles superiores, que no tenemos por qué querer alcanzar. Los días que corramos vendrán fijados por nuestro plan de entrenamiento, normalmente serán 3 días a la semana, pero podemos rebajarlo a dos si sólo queremos correr por mantenernos activos.

Es muy importante que no pretendamos correr casi a diario cuando nos estamos iniciando, no estaríamos dejando descansar al cuerpo y sufrimos riesgo de padecer lesiones u otros problemas de salud. Puede que nuestro objetivo al comenzar sea el querer inscribirnos a una carrera popular y tengamos pocos meses o semanas para prepararnos. Ante ese caso, deberíamos consultar con un profesional de la disciplina cómo conseguirlo, pero nunca empezar con ese nivel de exigencia.

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