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¿Hay correlación entre las adicciones y los trastornos mentales?

ADICCIONES

¿Hay correlación entre las adicciones y los trastornos mentales?

¿Es cierto que hay correlación entre las adicciones y los trastornos mentales? En Bekia te lo contamos

Sara Poyo Lorenzo

¿Sabías que 7 de cada 10 personas con adicciones tienen a su vez un trastorno mental? Estos son los datos que actualmente defiende la SEPD (Sociedad Española de Patología Dual). Las adicciones y los trastornos mentales van cogidos de la mano y hay una correlación entre ellos. ¿Qué significa esto? Una correlación es la fuerza de la relación entre dos variables, es decir, a mayor correlación mayor será la relación entre ambas, ya sea directa o inversa. Cuando en este tema hablamos de correlación hacemos referencia a que cuando aparece una hay altas posibilidades que la otra también exista, aunque eso no quiere decir que necesariamente una tenga que ser la causa de la otra, simplemente que suelen darse juntas. Cuando coexiste una adicción y un trastorno mental lo llamamos psicopatología dual, haciendo referencia de que ambos ocurren simultáneamente y deben tratarse de la misma manera.

La persona tiene un trastorno que le lleva con el tiempo a abusar de las drogasLa persona tiene un trastorno que le lleva con el tiempo a abusar de las drogas

¿Las adicciones como consecuencia de los trastornos mentales o viceversa?

Preguntarnos si uno es el origen del otro es como preguntarnos que vino antes, el huevo o la gallina. Actualmente se sabe que hay una elevada correlación entre trastornos mentales y las adicciones aunque no se sabe exactamente el por qué. Tampoco significa que una sea necesariamente el desencadenante de la otra. El motivo es que algunas veces una persona que es adicta a algo siente también otros síntomas como un estado de ánimo anormal o altos niveles de ansiedad, en los peores casos también aparece un daño cognitivo que puede dar lugar a un trastorno mental.

En otros casos la persona tiene un trastorno que le lleva con el tiempo a abusar de las drogas. Por ejemplo, se sabe que en el trastorno límite, bipolar o antisocial la persona es más propensa a realizar conductas de riesgo durante su evolución, como el abusar de las drogas. Otro caso típico es de alguien con depresión o con un trastorno de ansiedad que está siendo medicada, puede acabar siendo adicta a los psicofármacos: antidepresivos, ansiolíticos... o mucho peor, sustituir las pastillas que en ese momento no se tienen a mano por otras drogas como el alcohol. Con el tiempo algo que al principio era puntual puede repetirse por costumbre. El peor de los casos (pero más frecuente de lo que se cree) es cuando se mezcla todo a la vez: antidepresivos, alcohol y depresión.

El adicciones durante la adolescencia y los trastornos mentales

Aunque un trastorno mental puede aparecer como una consecuencia de una adicción se ha visto que es más probable que ocurra si el consumo se inicia en la adolescencia o antes. ¿Por qué? Cuando somos adolescentes nuestro cerebro continua desarrollándose y cambiando anatómicamente. El consumo en este periodo de la vida puede afectar al modo en que madura nuestro cerebro y ser propensos de acabar con un trastorno.

Un ejemplo famoso es el de la psicosis. Consumir drogas alucinógenas como el LSD o la marihuana aumenta las posibilidades de que aparezca un brote psicótico en aquellas personas que tienen una vulnerabilidad genética. En la población hay un 1% de gente que nace con esta vulnerabilidad, que es propensa a desarrollar una psicosis si se dan las circunstancias adecuadas. Sin embargo, no todos los que tienen la vulnerabilidad tienen porque acabar desarrollando una psicosis en toda su vida, hay factores que aumentan las posibilidades de que se de un episodio como vivir una situación de alto estrés, sobre todo si ese episodio se da en la etapa adolescente. Si no se da el caso no tiene porque ocurrir nada. Con el uso de drogas alucinógenas se incrementa en gran medida la probabilidad de tener un brote psicótico. Lo peor de todo es que una vez que se ha sufrido uno es también más probable que vuelva a repetirse en el futuro.

En el caso de que el adolescente ya tenga un trastorno mental o de personalidad aumentan las probabilidades de que tome drogas. Los motivos pueden ser varios, por ejemplo la impulsividad suele ser mayor en los adolescentes y las compañías a menudo no ayudan, también los adolescentes y jóvenes pueden decidir tomar drogas como una forma de automedicación, para paliar sus síntomas.

En el caso de chicos con TDAH (trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad que diagnosticarse a partir de los 7 años) las probabilidades de consumir drogas ilegales como la cocaína y la marihuana también son muy altas. Y desgraciadamente, si unimos a un adolescente con TDAH y una adicción de una sustancia ilegal las probabilidades de que acabe teniendo problemas con la ley en un futuro son se incrementan al igual que otras conductas de riesgo como el sexo sin protección.

Las adicciones comportamentales también pueden desencadenar a menudo una psicopatologíaLas adicciones comportamentales también pueden desencadenar a menudo una psicopatología

No solo ocurre con las adicciones a sustancias

Las adicciones comportamentales también pueden desencadenar a menudo una psicopatología. Es decir, no hace falta que medie una sustancia para que la persona acabe desarrollando un trastorno mental. Por ejemplo, una persona que sea adicta a la comida es probable que acabe desarrollando un trastorno mental grave como una anorexia o bulimia, dos trastornos de la alimentación que tienden a la cronicidad y son complicados de tratar.

Otro caso típico es el de la ludopatía (adicción al juego), puede dar lugar a otra adicción, solo que esta vez media una sustancia, normalmente el alcohol. ¿Por qué? Porque la persona que juega lo hace en bares, casinos y otros lugares donde el alcohol está a mano.

¿Qué se debe tratar antes?

Se deben tratar simultáneamente desde un enfoque integral. Sin embargo, lo más complicado será obtener un diagnóstico fiable porque a veces las personas que acuden a consulta son obligadas por la familia y a menudo omiten información relevante para poder diagnosticar la patología dual. Pueden por ejemplo, reconocer que tienen un trastorno depresivo pero omitir un consumo excesivo de antidepresivos. Con el tiempo el psicólogo puede darse cuenta del engaño (o no) pero es dinero y tiempo que se ha perdido y que da pie a la cronificación del problema.

Un trastorno dual tiene que estar muy controlado porque la problemática es doble. Además, se ha visto que en estos casos el cumplimiento terapéutico tiende a ser menor y hay más probabilidades de sufrir recaídas e incluso hospitalizaciones.

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