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Por qué haces cosas que sabes que son malas para ti

MALOS HÁBITOS

Por qué haces cosas que sabes que son malas para ti

¿Tienes hábitos que sabes que son malos para ti? Entonces, ¿por qué sigues haciendo esos malos hábitos?

Mª José Roldán Prieto Mª José Roldán Prieto Psicopedadoga experta en aprendizaje y salud

Un mal hábito es aquello que haces pero que sabes que es malo para ti. Fumar, beber alcohol, comer alimentos de buen sabor pero nocivos para tu salud, tener un estilo de vida sedentario, no hacer ejercicio aunque se tenga tiempo para hacerlo... Son conductas que se deben evitar para tener bienestar general pero que sin saber por qué, no podemos evitar realizar.

Existe un estudio realizado por científicos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades que descubrió que existen conductas evitables que fueron las causantes de casi la mitad de las muertes en Estados Unidos. Estas conductas eran: mala alimentación, vida sedentaria, tabaquismo y consumos de alcohol, entre otras. Pero si todos sabemos que los malos hábitos son tan malos, ¿por qué se siguen haciendo?

Un mal hábito es aquello que haces pero que sabes que es malo para tiUn mal hábito es aquello que haces pero que sabes que es malo para ti

Por qué se hacen los malos hábitos

Es la necesidad de sentir consuelo y hacer lo que sea para sentirnos bien. Toda acción tiene un por qué detrás, incluso si no eres consciente de ello. El cerebro está diseñado para basarse en recompensas y esa 'recompensa' es la sensación de confort que libera dopamina (la hormona de sentirse bien) y hace que eso que es malo para nosotros, lo ansiemos más y pensemos que nos sentimos bien con ese mal hábito.

Por eso las personas disfrutan de los malos hábitos y se sienten cómodos haciéndolos. No salen de la zona de confort y esa 'recompensa' gratifica al cabrero aunque sepa que es malo de algún modo u otro. Por ejemplo, si sueles fumar en los descansos del trabajo, tu cerebro asocia ese hábito con el 'descanso' y la relajación. Si sueles beber en situaciones sociales o de ocio, tu cerebro asociará la bebida alcohólica a momentos de ocio y pasarlo bien. ¿Y por qué se acaba teniendo una vida sedentaria? Porque es la forma más 'fácil' para el cerebro de sentir gratificación rápida: descansar tirado en el sofá (recompensa después de un día duro de trabajo).

Racionalización interna de los malos hábitos

Esto significa que 'si los demás lo hacen mal, yo no lo estaré haciendo tan mal'. Las personas tienden a racionalizar los malos hábitos si el conjunto de la sociedad lo considera aceptable. Si todo el mundo fuma, no tiene que ser tan malo, ¡es un mal hábito aceptado!

Esto provoca una racionalización interna: 'solo un poco no me hará daño', 'lo hago mañana, hoy estoy demasiado cansado/a', etc. Son justificaciones impulsadas por la culpa de saber que no estás haciendo las cosas bien a largo plazo. También se buscan ejemplos que validen esa mala decisión de continuar con el mal hábito: 'mi abuelo fumaba hasta los 75 y vivió hasta los 95 años'. A tu mente le encanta encontrar evidencias que respalden sus decisiones, aunque no sea buena para ti.

Todo el mundo conoce las consecuencias d los malos hábitosTodo el mundo conoce las consecuencias d los malos hábitos

Consecuencias de continuar con el mal hábito

Todo el mundo conoce las consecuencias d los malos hábitos, por ejemplo, todo el mundo sabe que fumar puede matar y provocar cáncer. En la televisión al mismo tiempo que te venden una hamburguesa de un restaurante de comida rápida, te dicen que debes comer más frutas y verduras. Pero las decisiones las tomas tú y para hacerlo debes tener en cuenta algunas consecuencias de seguir con tus malos hábitos, como por ejemplo: padecer cáncer u otras enfermedades, depresión, dolores, problemas físicos, etc.

Estos males pueden ser sutiles y graduales lo que significa que no los notas hasta que ya estás bastante mal. Por eso, tomar una buena decisión hoy te ayudará a estar mejor mañana.

Para dejar un mal hábito tendrás que identificar cuál es ese mal hábito que no es bueno para ti, cambiarlo por otro más saludable, después comprometerte contigo mismo para dejarlo y para no volver a recaer y por último, ser consistente y coherente con tus decisiones.

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