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Cómo saber si tienes una presión arterial normal
PRESIÓN ARTERIAL

Cómo saber si tienes una presión arterial normal

Es muy importante tener una buena presión arterial, saber identificar qué es una presión arterial normal y sobre todo, saber tomarla correctamente.

Noelia Rodríguez Alvarez

La presión arterial alta es uno de los males más extendidos entre la población actualmente. Junto con la diabetes o tener el colesterol o el azúcar por encima de lo normal es una de las dolencias más repetidas en los historiales de pacientes, especialmente entre aquellos que alcanzan determinadas edad o simplemente son propensos a ello.

Ante esta situación es habitual que existan muchas creencias y mitos en torno a lo que son unos niveles preocupantes, qué se puede hacer para controlarlos o qué tipo de medicación tomar. Ante cualquier duda lo mejor es acudir al médico de cabecera, que puede resolverlas todas con mayor exactitud y fijándose en el caso particular, pero para arrojar luz sobre la presión arterial en Bekia hemos preparado un artículo que pueda aclarar diversas cuestiones.

¿Qué es la presión arterial?

Vamos a empezar por lo fundamental, saber qué es la presión arterial y cómo influye en nuestro estado de salud. Es la presión que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias cuando el corazón la bombea y cuando esa fuerza es mayor de lo que se considera normal se conoce como hipertensión, que supone que las arterias se van resintiendo y eso, con el paso del tiempo, acaba por tener repercusión sobre la salud.

Es muy importante para la salud tener una presión arterial normalEs muy importante para la salud tener una presión arterial normal

La manera de evitarlo es conocer el nivel de presión que tenemos y para eso basta medir la tensión. Es una de las primeras cosas que nos hace el médico cuando sospecha que algo puede ir mal, así que puedes tomártela en el centro de salud, en la farmacia e incluso puedes comprar una de las herramientas que existen para medir la tensión en casa, aunque esto es recomendable cuando sabes que tienes un problema de hipertensión y has de controlarla regularmente.

Pero antes de hacerlo has de saber cómo medir la tensión. Cuando nos la miden nos dan siempre dos datos. El primero es la presión sistólica (que siempre es una cifra más elevada) y el segundo la diastólica. El último mide la presión cuando el corazón está relajado y el primero cuando está bombeando sangre, de ahí la diferencia entre las dos cifras. Y ambas se miden en milímetros de mercurio.

¿Qué se considera normal?

Lo que está considerado como normal es una tensión sistólica menor de 120 mm Hg y una tensión diastólica por debajo de 80 mm Hg. Pero hay que tener en cuenta que hay varios factores que influyen en nuestra presión arterial y cuando estamos activos o nerviosos siempre es más alta que cuando estamos relajados o durmiendo. Cuando es muy inferior a estos números es cuando se producen las bajadas de tensión, que también han de tenerse en cuenta y evitar que se repitan.

De ahí que si durante momentos de estrés o problemáticos puede presentarse por encima de los niveles considerados normales sin que eso suponga que se tiene hipertensión. Si es en un momento determinado, con unas circunstancias que lo puedan explicar no tiene porqué significar que tenemos la tensión alta. Para comprobar que es sólo eso hay que medir la tensión con más frecuencia hasta descartarlo.

Tampoco tenemos el mismo nivel en función de la hora del día, en que acabemos de comer o haya pasado a la hora de la digestión, factores que hay que tener en cuenta y por los que se recomienda medir la tensión siempre a las mismas horas.

Cuando los niveles se encuentran entre 120 y 140 y 90 y 100 se considera que es prehipertensión, por lo que tampoco suele ser considerado como un problema por los médicos, que sí que recomiendan un mayor control. En niveles de 140-160 y 90-100 se habla de la primera etapa de la presión arterial alta y a partir de ahí de la segunda etapa. Estos sí son niveles más preocupantes que deben ser tenidos en cuenta de manera seria.

Si tienes problemas de tensión tendrás que acudir a tu médicoSi tienes problemas de tensión tendrás que acudir a tu médico

Cómo controlar la tensión

Una vez se confirma que alguien sufre hipertensión, con unos niveles por encima de los considerados normales, lo habitual es que inicie un tratamiento farmacológico a base antihipertensivos. Su objetivo, obviamente, es reducir la presión con la que se bombea la sangre, pero es algo que lleva tiempo, no se pueden esperar resultados inmediatos.

También se 'receta' un estilo de vida saludable, que es la mejor forma de evitar tener la tensión alta. Caminar y mantenerse activo, llevar una dieta equilibrada y variada, dejar de fumar, no beber y controlar el peso son las indicaciones que dan los médicos.

Cuando se es diagnosticado como hipertenso es fundamental controlar la tensión por lo que lo más seguro es que el médico le pida al paciente que se la tome en casa y anote todas las mediciones para poder tener un control de la evolución. Como ya comentamos antes ha de hacerse siempre a las mismas horas y normalmente es dos veces al día (mañana y noche). Ha de hacerse estando tranquilo y no habiendo comido o realizado ejercicio físico en la media hora anterior.

A la hora de medir la tensión uno se ha de sentar en una silla con la espalda recta, las piernas apoyadas en el suelo y con el brazo sobre una superficie plana. La tensión se puede tomar con unos aparatos electrónicos que son fáciles de usar aunque resultan muy sensibles a cualquier movimiento o con un esfigmomanómetro -el que utilizan en la consulta médica- que requiere de un fonendoscopio para hacer la medición.

Consecuencias de hipertensión

La importancia que tiene controlar la tensión radica en que es un factor de riesgo a la hora de desarrollar complicaciones cardiovasculares. El corazón responde a la presión aumentando su masa muscular lo que provoca que se incremente el riesgo de padecer arritmias. También tiene incidencia en la aparición de trombosis y arteroesclerosis.

Las arterias son las que conducen la sangre desde el corazón por todo el cuerpo, lo que hace que aunque haya otros órganos que se vean más afectados por un mal funcionamiento puede afectar a cualquier parte del organismo. El cerebro o los riñones pueden verse afectados, al igual que la movilidad o la visión, incluso puede llegar a causar impotencia.

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