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Artroscopia

PRUEBAS MÉDICAS

Artroscopia

¿Sabes para qué sirve y en qué consiste la prueba médica de la atroscopia? En Bekia Salud te lo contamos.

Marta Cabrera Benito

La artroscopia es una prueba que, habitualmente, se utiliza como método quirúrgico a la hora de poder solucionar los problemas que tienen lugar en las articulaciones del cuerpo. Puede servir, simplemente para mirar cómo se encuentra el interior de éstas para, así, saber a qué se debe la dolencia o para poder guiar una operación en caso de que el problema sea más grave. Se trata de una prueba que puede realizarse en todas las articulaciones del cuerpo, aunque lo más común es que se lleve a cabo en la rodilla, en el hombro o en la cadera.

Pasos previos a la artroscopia

Al tratarse de una intervención, es necesario que el paciente esté ingresado en el hospital, como máximo, 24 horas. Es por ello que tendrá que preparar todo aquello con lo que esté más cómodo y aquellos productos de higiene que quiera llevar al lugar de la intervención. Es conveniente tener en cuenta el lugar en el que se va a realizar la artroscopia para que la ropa en esa zona sea lo suficientemente holgada que no nos moleste cuando nos vayamos a ir del centro. Serán heridas muy pequeñas lo que nos quedará, pero mejor evitar un dolor innecesario.

Al tratarse de una intervención, es necesario que el paciente esté ingresado en el hospitalAl tratarse de una intervención, es necesario que el paciente esté ingresado en el hospital

Como en cualquier intervención que se le hace a una persona, el paciente deberá firmar los permisos necesarios para que el médico pueda realizarla sin ningún tipo de problema. En estos permisos se le informa al paciente de lo que se le va a realizar y de qué, además, se le administrará una anestésico para que no sufra ningún tipo de dolor. Es importante que le paciente no acuda solo al centro para que, una vez realizada la artroscopia, pueda ayudarse de alguien para salir de éste en caso de que sienta algún tipo de dolor o molestia.

Otro aspecto a tener en cuenta es que el paciente no puede comer nada entre las 6 y las 12 horas previas a la intervención. En el caso de que éste esté tomando algún tipo de medicación, deberá ponerla en conocimiento del médico para que le diga cuál puede ingerir o no en las horas previas o en qué medida. Con los medicamentos, el tiempo de interrupción debe ser mayor ya que los efectos pueden durar más.

Cómo se lleva a cabo una artroscopia

Como ya hemos dicho, se trata de una intervención en la que se anestesia la zona en la que el médico va a intervenir, por lo que, en primer lugar se decidirá qué tipos de anestesia se va a utilizar: general, raquídea o local. La elección dependerá de la zona del cuerpo en la que se vaya a realizar la artroscopia. Normalmente, en caso de que la articulación se encuentre de cintura para abajo, suele recurrirse a la anestesia raquídea. Para este tipo de anestesia, se hace una punción en la zona de la médula espinal para que la articulación que va a ser intervenida pierda la sensibilidad. Para la anestesia general hay dos opciones. Por un lado, se puede dormir al paciente para que no sienta dolor en todo el cuerpo o, por otro, se le puede bloquear el nervio principal de la zona para que no sienta dolor y, así, no tener que abusar de la anestesia general.

Es conveniente tener al paciente en una posición relajada y semidormido para evitar cualquier tipo de problemaEs conveniente tener al paciente en una posición relajada y semidormido para evitar cualquier tipo de problema

Es posible que haya que recurrir a utilizar medicamentos sedantes en caso de que el paciente se encuentre en un estado de nervios que pueda dificultar la intervención. Cualquier movimiento involuntario puede hacer que la artroscopia no salga como debería y las heridas sean mayores. Es por ello, que es conveniente tener al paciente en una posición relajada y semidormido para evitar cualquier tipo de problema.

Una vez que el paciente ya está anestesiado, toca limpiar la zona con líquido desinfectante y se cubrirá con una sábana quirúrgica que marcará los límites de la zona que va a ser intervenida. Además, se colocará una especie de manguito que ayudará a controlar el sangrado durante la intervención. Éste se produce por las, aproximadamente, cuatro incisiones que hace el médico en la articulación afectada para introducir suero, una cámara y los instrumentos quirúrgicos que necesite. El suero se emplea para inflar la articulación y, así, poder aumentar el tamaño que hay entre los huesos y facilitar la intervención.

Por último, el médico drenará la zona para sacar todo el suero que se ha introducido y se darán puntos de sutura para cerrar las incisiones que se han hecho para acceder a la zona. Tras esto, el paciente será llevado a su habitación hasta que se le vaya el efecto de la anestesia y el médico vea que ya es conveniente que se vaya a casa y reciba el alta. La recuperación dependerá del tipo de intervención, la articulación afectada y de la gravedad de la lesión.

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