En España dormimos mal y lo arreglamos en la farmacia, pero la ciencia dice otra cosa: esto es lo que de verdad mejora el sueño, empezando por lo que haces de día.
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Cada vez que alguien me cuenta que duerme fatal, la historia acaba en el mismo sitio: la farmacia. El lorazepam que empezó siendo "para una temporada mala", la melatonina en gominolas, la valeriana de toda la vida. Y lo entiendo, porque cuando llevas semanas durmiendo mal pagarías lo que fuera. Pero los datos son tozudos: España lleva años a la cabeza del mundo en consumo de ansiolíticos e hipnóticos y, aun así, el insomnio crónico se ha duplicado aquí en dos décadas. Ya lo sufre el 14% de los adultos, más de cinco millones de personas.
Si las pastillas arreglaran el sueño, seríamos el país mejor dormido de Europa. No lo somos, y las guías médicas llevan tiempo explicando por qué: el tratamiento de primera elección del insomnio crónico no es un fármaco, es la terapia cognitivo-conductual, o sea, cambiar lo que haces y lo que piensas alrededor de dormir. Así lo recomienda el American College of Physicians desde 2016. Lo que viene a continuación es la versión práctica y casera de esa idea.
La cafeína te dura mucho más de lo que crees
Empiezo por aquí porque es el error más común y el más fácil de corregir. En España el café de sobremesa es una institución, y ese café de las cuatro o las cinco sigue trabajando cuando apagas la luz.
Un estudio del Journal of Clinical Sleep Medicine lo midió con un rigor que asusta: una dosis de cafeína tomada seis horas antes de acostarse recortaba más de una hora de sueño medida con monitor. Y lo peor no es eso. Lo peor es que los participantes apenas lo notaban: dormían peor sin enterarse de que la culpa era del café de la tarde.
Mi frontera personal está en la comida: si duermes mal, que el último café, té, refresco de cola o bebida energética caiga antes de las tres. Échale también un ojo a la dosis de cafeína recomendada al día, porque hay quien va por el quinto café sin haberlos contado nunca.
La luz de la mañana te arregla la noche
Nos hemos obsesionado con las pantallas nocturnas y se nos olvida la otra mitad del trabajo, que se hace al levantarse. Tu reloj interno se pone en hora con la luz del día: media hora de luz natural a primera hora, aunque sea desayunando junto a la ventana o yendo andando al trabajo, le dice al cerebro cuándo toca estar despierto. Un reloj bien ajustado por la mañana suelta su melatonina a su hora por la noche, sin gominolas.

Con el móvil en la cama, mi opinión es que el brillo es lo de menos. El problema es que nadie se queda dormido viendo vídeos diseñados justamente para que no te duermas. Esto ya tiene nombre, insomnio tecnológico, y la única solución que veo funcionar de verdad es aburrida: el cargador, fuera del dormitorio.
Fresco, oscuro y un poco aburrido
El cuerpo necesita bajar su temperatura interna para entrar en sueño profundo, y no puede hacerlo si la habitación es una sauna. La referencia que manejan organismos como la Sleep Foundation americana está entre 18 y 20 grados. En enero es fácil; el problema es julio, y ahí ayudan los trucos para conciliar el sueño en las noches de verano: ventilar a primera hora, persiana bajada durante el día, ducha templada antes de acostarse.
Lo de oscuro y silencioso parece obvio, pero pocas casas lo cumplen: el LED del router, la farola del portal, la tele en modo espera. Un antifaz y unos tapones cuestan seis euros y he visto arreglar con ellos noches que llevaban años torcidas.
Quedan dos enemigos que se sientan a tu mesa. Uno, las cenas tardías y pesadas, marca de la casa en este país: obligan al estómago a trabajar cuando debería estar de guardia baja, y por eso importa saber qué alimentos evitar antes de dormir. El otro es el alcohol, el gran malentendido: la copa te duerme antes, cierto, pero te destroza la segunda mitad de la noche, con un sueño ligero, fragmentado y con la fase REM alterada. Esos despertares a las cuatro de la mañana tras una cena con vino no son casualidad.
Los horarios hacen más que los trucos
Si solo te quedas con una cosa de todo el artículo, que sea esta: levántate siempre a la misma hora, también el fin de semana. Cada hora que pasas despierto acumulas presión de sueño, esa deuda que te va empujando hacia la cama, y quien se levanta el domingo a mediodía llega a la noche sin deuda ninguna. Luego el domingo se duerme fatal y el lunes empieza roto. Es un pequeño jet lag que nos regalamos cada semana.
¿Y cuánto hay que dormir? Las horas de sueño que necesitas varían de una persona a otra, pero el consenso de la Academia Americana de Medicina del Sueño es claro: siete o más para casi cualquier adulto. Con la siesta, sin dramas pero con cabeza: veinte minutos y a primera hora de la tarde. La siesta de hora y media en el sofá del sábado es un préstamo que devuelves esa misma noche, con intereses.

Queda la peor parte: qué hacer cuando el sueño no llega. La respuesta va contra la intuición: sal de la cama. Si llevas un buen rato dando vueltas, vete a otra habitación, luz baja, algo tranquilo y aburrido, y vuelve cuando notes el sueño de verdad. Quedarte mirando el techo solo le enseña a tu cerebro que la cama es el sitio donde se sufre. Y si lo que te desvela son las vueltas a la cabeza, hay maneras concretas de dormir cuando estás nervioso.
¿Y la melatonina no era natural?
Que algo sea natural no lo convierte en eficaz. La Academia Americana de Medicina del Sueño revisó la evidencia y recomienda no usar melatonina para el insomnio crónico: en los estudios adelanta el sueño unos nueve minutos de media, que para lo que se vende es más bien poco. Es una hormona que pone en hora el reloj, no un somnífero, y su hueco real está en el jet lag o en los turnos de noche. Si llevas meses tomándola a diario, te interesa saber si la melatonina es adictiva y qué hace en tu cuerpo.
Cuándo dejar de hacer el valiente
Todo lo anterior es higiene del sueño, y a la mayoría le basta. Pero hay señales con las que no se negocia y que piden consulta médica:
- Roncas con pausas de respiración que alguien haya presenciado: eso apunta a apnea del sueño.
- Te quedas dormido conduciendo, en el trabajo o en cuanto te sientas un rato.
- Llevas más de tres meses durmiendo mal la mayoría de las noches y lo pagas durante el día.
- Notas las piernas inquietas al acostarte, o un dolor que te despierta.
El insomnio que se cronifica tiene causas muy variadas, algunas médicas, y tratamiento propio: pregunta por la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, que ya se ofrece en unidades del sueño y en consultas de psicología, también online. Y ojo: si llevas meses con pastillas para dormir, no las dejes de golpe por tu cuenta. Salir de ahí también se hace acompañado y con pauta médica.
Una última cosa, porque la veo cada vez más: no conviertas el sueño en otro examen que aprobar. Despertarte y mirar la puntuación del reloj inteligente antes que a la persona que tienes al lado es el camino contrario. Estos cambios tardan dos o tres semanas en notarse, algunos días saldrán mal y no pasa nada. Dormir bien no es un talento ni un producto: es una rutina bastante aburrida. La mala noticia es que no hay atajo. La buena, que lo aburrido sale gratis.