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Cómo curar una herida vaginal

VAGINA

Cómo curar una herida vaginal

¿Es posible realizarse una herida vaginal? Y si es así... ¿cómo es la mejor manera para curar este tipo de heridas?

Andrea Fernández Rodríguez

En el día a día de mucha mujeres son comunes las lesiones en el área genital de tipo infeccioso (como la del hongo cándida) o las (para muchas) frecuentes infecciones de orina. Sin embargo, muchas veces no tenemos en cuenta de que nuestras molestias o dolor pueden deberse a una herida en la vagina.

Aunque no pensemos en ello en un primero momento, la vagina como cualquier otro tejido corporal puede sufrir daño directo a pesar de tratarse de un músculo excepcionalmente fuerte y bien protegido.

Este artículo pretende orientar sobre cómo se producen y la mejor forma de solucionar este problema pero siempre debemos tener en cuenta la necesidad de acudir a un profesional médico que nos recomiende el mejor tratamiento.

Para muchas mujeres acudir a una consulta ginecológica puede tratarse de algo incómodo o a evitar pero debemos ser muy conscientes de lo importante que es atender todos los aspectos de nuestra salud.

¿Cómo se puede producir una herida en la vagina?

Lo más común es que este tipo de heridas se produzcan en las relaciones sexuales en las que existe penetración ya sea del pene o de otro tipo de juguetes sexuales que se usen con ese fin.

Como comentábamos se trata de un músculo fuerte, distensible y elástico ya que está preparado tanto para la penetración como para servir de canal de expulsión en el momento del parto.

No se trata de una lesión frecuenteNo se trata de una lesión frecuente

Suelen producirse daños cuando la penetración se produce de forma violenta, los instrumentos que se introducen no son adecuados o hay un pendiente en el pene. Otro factor común suele ser la falta de lubricación.

No se trata de una lesión frecuente porque, como ocurre en otras partes del cuerpo, antes del daño del tejido suele haber un dolor que funciona como señal de alerta. Por ello, suelen producirse más cuando la persona se encuentra bajo efecto de alcohol o drogas que funcionen como sedantes o inhibidores de la atención necesaria para detectar el daño.

¿Cuándo es más probable que se produzca la fisura?

Hay varias circunstancias que pueden aumentar el riesgo de que se produzca este tipo de lesión.

En primer lugar, en la menopausia. Al final del ciclo reproductor femenino los tejidos vaginales disminuyen su capacidad elástica y la lubricación es menor por lo que aumenta la probabilidad de que se produzcan lesiones de este tipo.

También es más frecuente que se produzcan estas alteraciones en mujeres que padecen o han recibido tratamiento para otras afecciones vaginales, por lo que en ellas también se aumentaría el riesgo de general heridas.

Durante el embarazo no existe un mayor riesgo pero sí en el periodo de lactancia debido a un importante cambio hormonal (disminución de estrógenos) y al reciente paso de la cabeza del bebé por el canal.

¿Pueden producirse complicaciones?

Una herida vaginal suele producir ardor y el leve sangrado, además de rojez, inflamación y picores. El contacto permanente con la ropa puede hacer que estas molestias se intensifiquen lo que hace muy recomendable que, mientras se recupera el tejido, se utilice ropa interior de materiales cómodos.

Como cualquier otra herida se puede complicar por una infección (siendo la fiebre un importante indicador) o una excesiva hemorragia. En esos casos el médico recetará el tratamiento farmacológico más adecuado.

¿Cómo cuidar una herida vaginal?

Las pautas específicas de tratamiento dependen de cada caso, sin embargo, en general se aplican tratamiento cuyo objetivo es regenerar la mucosa vaginal protectora.

Cuando las heridas son pequeñas lo más frecuente es la aplicación de cremas u óvulos con efecto cicatrizante y reparador.

Lo más aconsejable, para no empeorar el daño, es evitar las relaciones sexualesLo más aconsejable, para no empeorar el daño, es evitar las relaciones sexuales

Lo más aconsejable, para no empeorar el daño, es evitar las relaciones sexuales durante una o dos semanas después. Esto permitirá que la recuperación lleve un buen ritmo que permita retomar la actividad sexual con total normalidad.

También es recomendable cambiar con más frecuencia la ropa interior ya que el proceso de curación producirá un aumento de la densidad del flujo. Por este motivo también es importante mantener la zona limpia. Un jabón neutro, agua tibia abundante y una crema hidratante específica pueden ser útiles aliados.

Si sabemos por qué se ha producido el daño, una postura o instrumento determinada, es conveniente evitarlo y en caso de volver a emplearlo intentar tomar precauciones para que no vuelva a suceder.

Las heridas más grandes (por ejemplo, las producidas al introducir objetos en la vagina) pueden requerir un tratamiento más invasivo como puntos de sutura o taponamientos que, en consecuencia, harían más largo el periodo de abstinencia sexual que permitiese la recuperación.

¿Cómo prevenir este tipo de lesiones?

La base es mantener unas relaciones sexuales conscientes, consensuadas y consentidas.

A partir de ahí es importante una buena lubricación por lo que una forma de prevenirlo sería alargar la fase previa de juego sexual para favorecer la excitación. En caso de que la falta de lubricación se deba a alguna alteración fisiológica la mejor opción es optar por alguno de los lubricantes disponibles en el mercado.

Importante tener en cuenta que este se trate de un lubricante de base acuosa cuando utilicemos preservativos.

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