Menú
El núcleo supraquiasmático: el reloj interno del cerebro

CEREBRO

El núcleo supraquiasmático: el reloj interno del cerebro

Descubre qué es el núcleo supraquiasmático o el reloj interno del cerebro y cuál es su finalidad dentro del cuerpo.

Andrea Fernández Rodríguez

Tenemos muy claro que en el cerebro y nuestro sistema nervioso son los encargados de coordinar y ejecutar multitud de funciones. Desde aquellas más complejas y, por ello más humanas, como son pensar o hablar como otras que parecen automáticas al no responder a un acto voluntario por nuestra parte.

Una de las estructuras clave en llevar a cabo las funciones básicas de nuestro organismo es el hipotálamo y, en concreto, el Núcleo supraquiasmático.

Mientras que otras áreas se encargan de posibilitar los latidos cardiacos o la temperatura corporal, el Núcleo supraquiasmático actúa como un reloj interno.

¿Qué es el Núcleo supraquiasmático?

Se trata de una pequeña estructura formada por aproximadamente 20.000 neuronas que se encuentra en el hipotálamo. Este es un área al nivel del diencéfalo formada por materia gris.

Como la mayoría de estructuras cerebrales está duplicada al encontrarse en cada uno de los hemisferios cerebrales a cada lado de la cabeza.

¿Dónde se encuentra?

Por hacernos una idea se encuentra en el centro de nuestra cabeza a la altura aproximada de los ojos.

De forma más concreta, y como su nombre nos indica, está situado justo por encima del quiasma óptico. Esta zona, en la base frontal del cerebro, es el punto donde se entrecruzan los nervios ópticos que vienen de cada uno de los ojos.

Si tomamos como referencia el propio hipotálamo, este núcleo se encontraría en la parte anterior del mismo, limitando a ambos lados con el tercer ventrículo.

el Núcleo supraquiasmático nos permite interpretar los cambios ambientales y adaptarnos a ellosel Núcleo supraquiasmático nos permite interpretar los cambios ambientales y adaptarnos a ellos

¿Cuáles son sus funciones?

La principal función del Núcleo supraquiasmático es regular los ritmos circadianos que determinan el nivel de actividad del cuerpo según el momento del día en que nos encontremos. Los ritmos circadianos son ciclos que regulan las horas de sueño y vigilia, es decir, cuándo debemos descansar y cuándo habrá gran cantidad de energía disponible para movernos con facilidad, pensar con rapidez...

El Núcleo supraquiasmático y el ciclo de sueño y vigilia que regula determina directamente que solamos dormir unas determinadas horas y en una franja horaria concreta. La base de nuestro horario es biológica lo que explica que, por ejemplo, a aquellos que deben trabajar por las noches les cueste tanto cambiar el ritmo.

Estos ciclos regulados por el mencionado núcleo hipotalámico duran alrededor de 24 horas ya que evolutivamente se han desarrollado para adaptarse a las horas de luz que tenemos.

Así, cuando nos exponemos a la luz (¡ojo! también la artificial) nuestro Núcleo supraquiasmático lo interpreta como señal de que debemos estar despiertos y activos. Se frena entonces la producción de melatonina.

La melatonina

Es una hormona que controla el sueño y los ritmos estacionales. Es segregada principalmente por la epífisis o glándula pineal a partir del triptófano o la serotonina (que también es derivada del anterior).

Es una hormona regulada según la percepción del luz externa. Su máximo pico se produce durante la noche (ayuda en la inducción del sueño) y se reduce durante las horas de día.

¿Cómo funciona el Núcleo supraquiasmático?

Cuando miramos hacia algún lugar, los rayos de luz se reflejan en los objetos y penetran nuestro globo ocular hasta una capa de células situada en el fondo del ojo que se llama retina. Por sus características, no se considera parte del aparato sensorial en sí sino parte del propio sistema nervioso central.

Esta membrana transforma la información sensorial en forma de luz en impulsos eléctricos que se pueden transmitir a otras áreas del encéfalo. Esta información entra por la retina y se dirige hacia el tálamo antes de llegar a la corteza occipital (zona posterior) donde se analiza de forma detallada.

Una vez en la corteza occipital la información visual se distribuye a través de dos rutas principales llamadas la ruta del qué y del dónde porque la primera nos informa de qué vemos (qué forma tiene, qué detalles tiene...) y la segunda nos permite saber dónde está lo que vemos (su profundidad, movimiento...).

Sin embargo, antes de llegar al tálamo, parte de esta información se desvía a la altura del quiasma óptico para llegar al Núcleo supraquiasmático. Esta estructura hipotalámica no reconoce detalles de formas, ni movimiento u otras características de las que se encargan áreas superiores sino que es directamente sensible a la luz.

Una vez esta área conoce la presencia o ausencia de luz se comunica con otras áreas para coordinar los ritmos circadianos. Una estructura cerca muy importante y que conecta de forma directa es la glándula pituitaria cuya función es coordinar todo nuestro sistema endocrino

Cuando miramos hacia algún lugar, los rayos de luz se reflejan en los objetosCuando miramos hacia algún lugar, los rayos de luz se reflejan en los objetos

¿Para qué sirve esta función?

En definitiva el Núcleo supraquiasmático nos permite interpretar los cambios ambientales y adaptarnos a ellos. Esto permite que nos adaptamos a los cambios de luz que hay entre el verano y el invierno pero también puede tener un problema.

Nuestro cerebro ha evolucionado durante millones de años pero sólo recientemente ha conocido la luz artificial. Y desde hace muchísimo menos tiempo (apenas unas décadas) se ha encontrado con la luz constante que suponen las pantallas con las que trabajamos y nos comunicamos.

Diferentes estudios han demostrado que la luz artificial de los ordenadores y teléfonos móviles pueden alterar la función del Núcleo supraquiasmático. El uso al final del día en la oscuridad de nuestra habitación de pantallas de luz blanca provoca normalmente alteraciones del sueño que pueden ser muy perjudiciales. En el mejor de los casos solo retrasarán la inducción del sueño. Sin embargo, su uso prolongado y masivo pueden llegar incluso a alterar profundamente nuestro descanso y la función endocrina.

Lo mejor sería limitar el uso de las pantallas unas horas al día. En caso de que las utilicemos por la noche, antes del descanso, mejor hacerlo con la luz encendida y en un lugar que no sea nuestro dormitorio y mucho menos en la cama.

Artículos recomendados