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Espondilitis Anquilosante

SALUD

Espondilitis Anquilosante

La espondilitis anquilosante es un tipo raro de artritis que va a causar dolor y rigidez en la columna vertebral.

Maria del Carmen Roldán Prieto

La espondilitis anquilosante es un tipo raro de artritis que causa dolor y rigidez en la columna vertebral. Esta afección es crónica y también se la conoce como enfermedad de Bechterew. Generalmente comienza en la zona lumbar y puede extenderse hasta el cuello o dañar las articulaciones en otras partes del cuerpo.

Anquilosis significa huesos fusionados, aunque también puede afectar a otros tejidos duros, no sólo a los huesos. Espondilitis, en cambio, significa inflamación en los huesos de la columna vertebral o vértebras. Los casos más graves pueden dejar la columna encorvada. La espondilitis anquilosante no tiene cura, pero los medicamentos y el ejercicio pueden aliviar el dolor y ayudar a mantener fuerte la espalda.

Síntomas de la espondilitis anquilosante

La espondilitis anquilosante suele comenzar en las articulaciones sacroilíacas, donde la columna se conecta con la pelvis. Puede afectar lugares donde los tendones y ligamentos se unen a los huesos, puede hacer incluso que las vértebras se fusionen.

La espondilitis anquilosante suele comenzar en las articulaciones sacroilíacasLa espondilitis anquilosante suele comenzar en las articulaciones sacroilíacas

Con esta afección puedes sentir dolor o rigidez en las siguientes partes del cuerpo:

  • Espalda baja o lumbago
  • Nalgas
  • Espalda
  • Manos
  • Caja torácica
  • Caderas
  • Muslos
  • Pies
  • Talones

Puedes notar además:

  • Un dolor que empeora por la mañana o después de haber pasado mucho tiempo sentado
  • La columna rígida y que se curva hacia adelante
  • Cansancio
  • Hinchazón en las articulaciones
  • Problemas para respirar profundamente

Los síntomas pueden cambiar de una persona a otra, al igual que la condición puede cambiar más rápido o más lento según la persona.

Complicaciones de la espondilitis anquilosante

La espondilitis anquilosante puede causar dolor e inflamación en todo el cuerpo, inclusive:

Los síntomas pueden cambiar de una persona a otraLos síntomas pueden cambiar de una persona a otra

  • En la columna vertebral. En casos raros, las vértebras pueden debilitarse, lo que las hace más propensas a fracturarse o romperse. Las vértebras dañadas pueden presionar o irritar el grupo de nervios de la parte inferior de la médula espinal, llamada cola de caballo. Cuando esta zona se ve afectada, puedes tener problemas para controlar los intestinos o la vejiga, problemas sexuales o pérdida de reflejos.
  • En los ojos. Cerca del 40% de las personas con espondilitis anquilosante tienen un problema ocular llamado uveítis. Se trata de un tipo de inflamación ocular que es dolorosa y puede nublar la visión y volver a la persona que lo padece sensible a la luz brillante. Si se padece uveítis, el médico puede diagnosticar la espondilitis anquilosante aún sin tener otro síntoma.
  • En la válvula del corazón. Este caso es raro, pero esta afección puede agrandar la aorta, la arteria más grande del cuerpo humano. Esto puede cambiar la forma de la válvula áortica, permitiendo que la sangre vuelva al corazón. El corazón tampoco latirá con normalidad, por lo que la persona puede sentirse cansada y sin aliento más a menudo.

Las personas con la espondilitis anquilosante también tienen más probabilidades de contraer ciertos tipos de cáncer, como los cánceres de huesos y próstata en hombres y el cáncer de colon en mujeres, así como cánceres relacionados con la sangre en ambos sexos.

Causas de la espondilitis anquilosante

Los investigadores que estudian esta afección no saben a ciencia cierta qué la desencadena, pero creen que está vinculada a la genética. La mayoría de las personas con espondilitis anquilosante tienen un gen que produce una proteína llamada HLA-B27. Los médicos piensan que esta proteína ordena al sistema inmunitario que ataque algunas bacterias comunes del cuerpo y esto desencadena la espondilitis anquilosante.

Factores de riesgo de la espondilitis anquilosante

Existen ciertos factores que no se pueden controlar y que pueden aumentar el riesgo de padecer esta afección:

Los investigadores que estudian esta afección no saben a ciencia cierta qué la desencadenaLos investigadores que estudian esta afección no saben a ciencia cierta qué la desencadena

  • El sexo. Los hombres son más propensos que las mujeres a tener espondilitis anquilosante, afectándoles más pronto y con más gravedad. Las mujeres tienden a tener una forma más leve de esta condición llamada espondiloartritis axial no radiográfica.
  • La edad. La espondilitis anquilosante suele comenzar en la adolescencia o al principio de la edad adulta. Alrededor del 80% de los casos comienzan antes de que la persona cumpla los 30 años, y el 95% de los casos aparece antes de los 45 años.

Diagnóstico de espondilitis anquilosante

La espondilitis anquilosante puede ser difícil de detectar porque muchas personas sufren dolor de espalda, que es el síntoma principal de esta afección. No obstante, el diagnóstico puede ser aún más complicado para las mujeres porque la condición es mucho más común en los hombres.

No existe una prueba única para confirmar este diagnóstico. El médico puede confiar en los síntomas, realizar un examen físico y un análisis de sangre. El médico también podría mandar hacerte una radiografía o resonancia magnética, pero estas técnicas no siempre ayudan porque el daño articular puede no aparecer de inmediato en las pruebas de imagen.

Tratamientos para la espondilitis anquilosante

Los medicamentos ayudan a algunas personas, pero mantenerse físicamente activo es una de las claves para llevar bien esta afección.

  • Ejercicio físico. Cuanto menos tiempo permanezca sentada o acostada la persona afectada, mejor se sentirá. El ejercicio ayuda a mantener el cuerpo erguido y en una buena postura, además de mantener la columna vertebral flexible. Mantenerse activo hasta puede eliminar los dolores sin necesidad de tomar medicamentos.
  • Terapia física. La persona afectada tendrá que adquirir una buena postura, aprender a estirar los músculos tensos y a mantener estable la columna vertebral. Se puede mantener y corregir la higiene postural desde casa, pero la mayoría de las personas encuentran más beneficioso y productivo trabajar con un fisioterapeuta profesional.
  • Medicación. Los medicamentos antiinflamatorios no esteroides recetados ayudan a la mayoría de los pacientes con espondilitis anquilosante. Pero estos medicamentos pueden provocar sangrado estomacal, problemas cardíacos y otros efectos secundarios.

Si la condición del paciente es grave, el médico puede recetarte medicamentos más fuertes Si la condición del paciente es grave, el médico puede recetarte medicamentos más fuertes

Si la condición del paciente es grave, el médico puede recetarte medicamentos más fuertes con productos biológicos. Estos están compuestos de sustancias como proteínas, pero pueden causar efectos secundarios graves, como infecciones.

Estilo de vida y remedios caseros

Si padeces espondilitis anquilosante, puedes mejorar tu calidad de vida realizando algunos cambios a tus rutinas diarias.

  • Haz ejercicio todos los días. Unos pocos minutos al día pueden ayudarte a aliviar el dolor. La tendencia cuando se siente dolor es quedarse en reposo, pero en realidad moverse puede ser mucho más beneficioso, sal a pasear, practica yoga u otro deporte, notarás los cambios y te sentirás mejor.
  • Mantente en un peso saludable para que tus articulaciones no sufran tanto estrés. Una dieta rica en ácidos grasos omega 3 podría ayudarte. Presta atención a tu alimentación ya que algunos alimentos pueden hacerte sentir mejor o peor que otros.
  • Fumar no es recomendable. Ya se sabe que fumar es perjudicial para la salud, pero las personas que padecen espondilitis anquilosante y fuman tabaco a menudo tienen síntomas que empeoran a medida que envejecen.
  • Procura llevar una vida con poco estrés. Si tu vida diaria es algo estresante, introduce cambios positivos, como masajes, meditación, yoga o ir a terapia.
  • Aplica calor a las articulaciones afectadas y a los músculos que notes tensos, así como frío en las áreas que estén inflamadas.

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