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Pie diabético, cómo identificarlo y prevenirlo

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Pie diabético, cómo identificarlo y prevenirlo

El pie diabético supone un verdadero problema de salud pública así como una complicación muy traumática para el diabético y su familia. ¿De qué trata exactamente?

Belén Vega Belén Vega Enfermera

El pie diabético es un problema derivado de la diabetes mellitus que puede conllevar graves consecuencias para la salud. Qué es, a qué es debido, cómo prevenirlo, cómo tratarlo, cuándo buscar ayuda de un profesional... es una información que todos los diabéticos así como sus cuidadores deberían conocer. A continuación, te aclaramos todo lo que debes saber.

¿Qué es el pie diabético?

El pie diabético es una complicación de la diabetes mellitus que se presenta en un tercio de los pacientes con esta patología y que provoca o puede provocar lesiones en la piel y otras estructuras del pie.

Cuando hablamos de pie diabético solemos pensar en una extremidad con úlceras pero debemos tener en cuenta que engloba desde el pie de riesgo hasta el pie amputado, pasando por el pie con pérdida de integridad cutánea, esto es, con heridas. Este concepto tan básico, que aclara que también es pie diabético la extremidad con alto riesgo de padecerlo, es de vital importancia para la prevención.

¿A qué es debido?

El pie diabético puede estar provocado por dos alteraciones diferentes, o por la interacción de ambas, relacionadas o agravadas por la diabetes. Un mal control de la enfermedad puede llevarnos a alteraciones en los vasos sanguíneos -patología vascular- y/o en los nervios -patología neuropática-.

¿Y si pudiéramos prevenirlo?

La buena noticia es que se puede. La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición estima que cuatro de cada cinco ulceras en pacientes diabéticos se deben a traumatismos externos, habitualmente provocados por el uso de un calzado incorrecto, algo fácilmente prevenible.

Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud, la OMS, afirma que el cuidado integral de los pies puede reducir la prevalencia de las amputaciones en un 45 a un 85% y que podemos prevenir el 80% de las lesiones que pueden amenazar la integridad de nuestros pies y hasta el 85% de las amputaciones.

Merece la pena echarle un vistazo a las medidas de prevención, ¿no crees?

El pie diabético es una complicación de la diabetes mellitusEl pie diabético es una complicación de la diabetes mellitus

¿Cómo lo hacemos?

Podemos prevenir las consecuencias del pie diabético desde 6 campos de actuación:

1. Control de la diabetes, de la tensión y de los lípidos

Para prevenir o reducir el impacto de las complicaciones de la diabetes en tu organismo, es esencial un control metabólico exhaustivo. Por otro lado, mantener los lípidos -el llamado colesterol bueno (HDL) y malo (LDL) y los triglicéridos- en cifras saludables así como la tensión arterial, contribuyen a la prevención del pie diabético entre otras afecciones.

2. Higiene diaria

Lava tus pies a diario con agua tibia y jabón neutro. Puedes hacerlo en la ducha o sumergiéndolos en agua, máximo unos 10 minutos. Comprueba la temperatura con el codo o el brazo ya que es posible que no percibas la temperatura real con la piel de tus pies, que nunca debe superar los 37 grados.

Si no puedes hacerlo por ti mismo, es esencial que busques ayuda porque, aunque te parezca una medida insignificante, es muy importante para evitar posibles lesiones. Seca tus pies con una toalla suave, especialmente entre los dedos. Procura no frotar, sino secar presionando con cuidado. Puedes usar cremas hidratantes si tienes la piel seca pero procura no utilizarlos entre los dedos ya que puedes provocar maceración (excesiva hidratación) que conlleva riesgo de lesiones.

3. Inspección diaria

Inspecciona diariamente tus pies. Empieza por la planta y detente entre los dedos. Puedes ayudarte de un espejo o pedir a alguien que lo haga por ti.

Si encuentras una pequeña erosión, limpia suavemente con agua y jabón, desinfecta con un antiséptico transparente y cubre con un apósito estéril. En caso de que se trate de una ampolla, herida u otra lesión, acude a tu médico, enfermero o podólogo de referencia.

4. Utiliza prendas y calzado adecuado

Los calcetines y medias que uses deben carecer de costuras, estar fabricados con tejidos transpirables y no comprimir la pierna ni el pie. En cuanto al calzado, es recomendable un zapato que apoye toda la superficie en el suelo, con suela rígida, puntera ancha y redondeada que permita la movilidad de los dedos y tacón ancho de no más de 4 cm. Es preferible elegir zapatos con ajuste con cordones o hebillas al dorso del pie y con una profundidad mayor a la habitual para evitar el roce y por si es preciso el uso de plantillas pautadas por el podólogo. Asegúrate de colocar bien la lengüeta para aliviar la presión.

¿Son las deportivas aptas para los diabéticos? Si cumplen los criterios nombrados, podrían ser un zapato ideal para proteger tus pies. Puesto que las extremidades se suelen hinchar a lo largo del día, es preferible ir a comprar los zapatos por la tarde.

5. Evita a toda costa los traumas

Inspecciona el interior de los zapatos cada vez que los vayas a usar. Prohíbete totalmente andar descalzo. No, tampoco en la playa ni en la piscina. Un cristal, una chincheta o cualquier objeto potencialmente punzante pueden suponer una herida de pronóstico muy variable, pudiendo a ser muy grave. No subestimes esta medida.

Evita la sequedad y las quemaduras. Respecto al corte de uñas ten en cuenta que es un acto de alto riesgo. Si es posible evitar cortarlas, limándolas únicamente, hazlo. Si no, procura no apurar el corte y dejarlas rectas. En caso de que no puedas hacerlo con seguridad por ti mismo, acude a tu podólogo.

Lava tus pies a diario con agua tibia y jabón neutroLava tus pies a diario con agua tibia y jabón neutro

6. Cuidados podológicos

Si es posible, y de forma casi obligada si tienes un pie de riesgo, acude a tu podólogo para el cuidado de tus pies si detectas callosidades, lesiones, deformidades o simplemente -y no menos importante- para revisarlos periódicamente.

Y yo, ¿tengo un pie de riesgo?

Partiendo de la base de que todos los diabéticos deberían extremar las precauciones para la protección de sus pies, en el caso de los pacientes de riesgo, estas se vuelven vitales. Así que si estás incluido en alguna de las siguientes categorías, determinadas en el Consenso Internacional sobre el Pie Diabético (1999), pon mucha atención a las medidas preventivas.

  • Si has sufrido una ulcera o amputación previamente.

  • Si tienes poco o falta total de apoyo social y familiar que te ayude con los cuidados de tu enfermedad.
  • Existe una prueba consistente en punzar la superficie del pie con un monofilamento, un objeto alargado que ejerce una presión suficiente para ser percibida en un pie sano. No duele ni pincha y se dobla al ejercer una presión considerable. También se puede realizar mediante vibración. Si la percepción de la sensación al monofilamento o a la vibración esta mermada, tienes un pie de riesgo.
  • Si presentas callosidades o deformidades en el pie. Estas alteraciones podrían estar ocasionadas o no por la propia diabetes y pueden predisponer al roce y a la presión a ciertas zonas.
  • Si no se te pueden palpar los pulsos distales, esto es, los pulsos en las arterias de los pies -arterias pedia y tibial posterior-. Es aconsejable que, para evaluar este punto, recurras a tu médico, enfermero o podólogo de referencia.
  • Si tienes un calzado inapropiado que te oprima, te roce en algún punto del pie o la pierna, no se ajuste adecuadamente o no permita transpirar al pie.

Sin duda, el pie diabético supone un verdadero problema de salud pública así como una complicación muy traumática para el diabético y su familia. Sin embargo, ya conoces a qué se debe, cómo saber si tienes riesgo o no de padecerlo y cómo prevenirlo. Recuerda, ante cualquier duda o lesión, consulta a tu médico, enfermero o podólogo. Cuídate y mima a tus pies.

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